- No se puede negar que existe una tensión fundamental entre apoyar el liderazgo de nuestro partido, a pesar de que se le considere como “poco legítimo” y a pesar de que no se haya dado la posibilidad de elegirlo por las bases y de que hayan retorcido los procedimientos para perpetuarse en la dirección, y el no apoyar al liderazgo y candidatos de nuestro partidos, por considerar que no representan en nada o en poco los principios socialistas y el modelo de partido y de sociedad que perseguimos a pesar de que esta segunda opción pueda perjudicar los intereses del partido a corto plazo, que son mantener el poder, pero pensando que a largo plazo se puede conseguir una regeneración democrática de la organización, eligiendo candidatos que representen el nuevo PSOE y el compromiso real con las bases y la sociedad y que eventualmente puedan recuperar el poder y gobernar como lo está haciendo Pedro de momento. En ambos casos hay perjuicios, en el primero los el mantener el gobierno a toda costa y no dañar el partido a corto plazo se prioriza sobre la coherencia y ser fieles a los ideales. Es la opción realista, la de la realpolitik. En el otro, se priorizan los ideales a pesar de q se pueda perjudicar al partido a corto plazo, pensando que el beneficio colectivo a largo plazo es mayor. Es la opción más idealista, pero que puede evitar el abandono de buena parte de la base por frustración con el aparato. Ambas opciones son legítimas y no se es ni más ni menos socialista por elegir una u otra puesto que ambas conllevan perjuicios y beneficios para el partido y los ideales a corto y largo plazo. Lo que no se puede negar es que el problema está ahí, que simpatizantes desmotivados pueden en estas elecciones votar por otras opciones y que necesitamos reconocer este problema, afrontarlo y crear soluciones, expectativas y un argumentando que nos permita defender el partido y su programa, ilusionar o al menos motivar a los que no tienen pensado votar PSOE a pesar de ser afiliados y militantes, y más incluso los simpatizantes. Y para ello, no sólo hará falta un programa de izquierdas, sino un compromiso de gobernar a la izquierda, y no con el centro derecha y una oferta de reforma del partido en Andalucía que permita una regeneración integradora en el medio plazo.
- Militante de izquierdas
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