Eutanasia, derecho a una muerte digna.

La eutanasia es aquel procedimiento voluntario, intencionado, estudiado y consciente que realiza un médico para acelerar la muerte de un paciente terminal de algún padecimiento incurable; a solicitud consciente, estudiada y deliberada del enfermo o familiares, quienes, plenamente enterados de que no existe tratamiento curativo para la dolencia; le solicitan al médico que la realice sobre el paciente para así dar fin con el dolor y sufrimiento intolerables e intratables.
La eutanasia ya se practicaba en las antiguas Grecia y Roma y fue apoyada por Sócrates, Platón y Séneca el Viejo en el mundo antiguo. En enero de 1936, el rey Jorge V recibió una dosis fatal de morfina y cocaína para acelerar su muerte. Este hecho provocó la legislación propuesta en la Cámara de los Lores para legalizar la eutanasia. En Holanda se legalizó en 2002, después vino Bélgica y Luxemburgo. También se permite en California y Colombia. Además en Suiza y algunos estados americanos está legalizado el suicidio asistido.
Este debate sobre la eutanasia, me recuerda al debate sobre la legalidad del matrimonio entre parejas del mismo sexo. Nuestro país fue uno de los primeros en regularizarlo y posteriormente fueron incorporándose otros países. El debate chocaba frontalmente con principios religiosos, con conceptos tradicionalmente aceptados o con  leyes que lo penalizaban.
En el debate sobre la eutanasia, hay quien introduce el aspecto religioso, cuando plantea que tanto la existencia del hombre como su desaparición debe ser obra de Dios. Yo no voy a incluir el tema religioso, porque estamos hablando de enfermedad, de sufrimiento, de medicina, de imposibilidad de cura, de decisiones propias, etc.
A lo largo de nuestra vida, muchos de nosotros hemos tenido familiares que han padecido una enfermedad y la medicina les ha ayudado a superarla o aliviar su sufrimiento, pero hay veces que el daño es irreparable, que científicamente no tiene solución, que se desconoce su curación, ni se atisba a corto, medio o largo plazo, sin embargo, la medicina y los avances han conseguido en muchos casos mantener con vida artificial lo que es insalvable, mantener un cuerpo insensible, dormido en un sueño eterno, en la antesala de la muerte, pero sin retorno a la vida. Yo he tenido la mala suerte de experimentar ese sentimiento, de ver como un ser querido se va irremediablemente, de escuchar un médico decirte que los daños son irreparables, que no va a vivir. Cuando eso sucede, cuando lo escuchas, no sabes cómo reaccionar, le das vueltas a todo, lloras y te desahogas, pero al final piensas, y piensas en él, en que puedes hacer por él y lo único que puedes es ayudarle en su viaje, en despedirte y hacer lo que quisieras que hicieran por ti.
Lo que hace varios años hubiese sido una muerte rápida y dolorosa, tanto para el ser como para su familia, hoy día, puede ayudar a que la persona enferma no sufra en esos momentos, a veces tan dolorosos, en los que el sufrimiento es tremendo y que nadie salvo él puede experimentar y sentir. También ayuda a los familiares, al igual que nos concienciamos para el nacimiento de un niño, viéndolo crecer en el vientre de una madre y preparando todo para su llegada, la eutanasia ayuda a su despedida, ayuda a que los familiares puedan hacerse a la idea de que ya no volverán a verlo, ayuda a abrazarlo por última vez, sin que el dolor impidan salir tus lágrimas.
Yo he sido testigo directo de una enfermedad grave sin solución y que sin medicación lo único que provocaría era un dolor inhumano y además siendo inconsciente de todos los sentidos, menos del dolor, sabiendo que tras ese terrible dolor, vendría la muerte. ¿Qué es más inhumano? Dejar que esa persona sufra para morir o ayudarla a morir. La eutanasia es como la epidural, una ayuda a nacer y otra a morir, pero sin dolor.
El problema que existe sobre este asunto es que el ser humano se resiste a morir .Después de tantos siglos de existencia, no aceptamos que la muerte forma parte de la vida, que la muerte es lo que nos espera al final del trayecto.
Pero, ¿porque condenar a una persona al sufrimiento eterno, porque querer mantener el cuerpo inerte y sin vida (en estado vegetativo) de una persona que no puede volver a vivir, que los médicos certifican y que los familiares aceptan?  o ¿porque impedir que una persona en su pleno juicio, en su plena capacidad intelectual, conocedora de lo que quiere hacer, consciente de sus consecuencias y sabiendo que su vida a llegado a su fin, desea con todo su ímpetu dejar de vivir?
Yo estoy a favor de legalizar la eutanasia, no sólo por creencia, sino porque permite a la persona poder decidir, permite acogerse a ella quien quiera y no acogerse quien no quiera, como el aborto, pero estando ilegalizada nadie podrá acogerse a ese derecho. Si tenemos derecho a la vida, ¿Por qué no a la muerte? ¿Quién soy yo para hacer que una persona siga sufriendo si ella no quiere?
Alfonso Muñoz
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1 comentarios:

  1. Estoy totalmente de acuerdo Alfonso, no hay ninguna dificultad mental para aceptar que el derecho a la vida y el derecho a la muerte digna son absolutamente compatibles, coherentes y aceptables ambos, en tanto que dignifican la vida y la accion humana del semejante. Es más crudo entender la eutanasia , pero porque perdemos la perspectiva de que tanto paciente como familiares tienen capacidad suficiente oara decidir, y toda decisión debe hacerse libremente, sin las limaduras de creencias, religiones e ideologías.

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