Catarsis nacional

31 de marzo de 2015, mañana gélida con nieve incluida en Berlín. Tras la visita guiada al Bundestag, cámara baja del Parlamento Alemán, sorprendido al ver la nieve caer sobre los cristales de la impresionante cúpula, diseñada por Norman Foster, me decido a finalizar mi estancia en la capital de Alemania con una visita al cercano Campo de concentración de Sachsenhausen, acompañado de algunos de mis compañeros de viaje.

Nos recibe un viento gélido, huracanado, presagio de los horrores que nos iban a acompañar durante nuestra visita al campo. Mientras contemplábamos los hornos crematorios, los endebles barracones donde malvivían los prisioneros, aterrados al pensar que pasaban horas y horas a la intemperie, soportando muchos días como éste un clima atroz, me vino a la cabeza el Valle de los Caídos en nuestro país. Pensé, ¿algún día un gobierno tendrá el valor y la dignidad suficientes para hacer con este infame monumento lo que han hecho los alemanes con sus campos de concentración de la época nazi?
En Alemania se han conservado muchos vestigios del nazismo, convertidos hoy en recordatorio de lo que nunca debió ocurrir, de la barbarie que llevó al exterminio de millones de personas por razones raciales, políticas o simplemente por ser consideradas inferiores por su orientación sexual. Produce admiración ver la dignidad con que la sociedad alemana ha cauterizado las heridas del nazismo, aceptando esa negra página de su  historia.
Mientras tanto en España, la vergonzosa falta de audacia de gobiernos de izquierda, junto con la inaceptable y cobarde excusa de “no abrir heridas” de los conservadores, sumada al interés en no “molestar” a sus votantes de extrema derecha, han permitido que a fecha de hoy, miles y miles de personas sigan yaciendo en fosas anónimas o en cunetas y, que un infame dictador, esté sepultado en un mausoleo junto a sus víctimas, como una segunda humillación de su implacable verdugo.
Por eso, esta semana me produjo una inmensa alegría saber que, por fin, un gobierno socialista se dispone a retirar los restos de Franco de donde nunca debieron ser sepultados, pero al mismo tiempo me entristece que, a diferencia de la nación germana, muchos españoles sigan viendo este gesto como una revancha de la izquierda o como un “abrir viejas heridas.”
Ojalá la próxima vez que visite el Valle, lo hice en 1987, me lleve la misma impresión que cuando visité el  Campo de concentración de Sachsenhausen cerca de Berlín. Ojalá no nos quedemos únicamente en el gesto de retirar al verdugo del lugar donde están enterradas sus víctimas, sino que avancemos también en cerrar las heridas, sí, porque en contra de lo que afirman muchos conservadores en este país, esas heridas siguen abiertas, no las ha abierto la Ley de Memoria Histórica, como no las va a cerrar definitivamente sacar al “Caudillo” de su mausoleo Es éste un gesto absolutamente necesario, como también lo será devolver a sus familiares los huesos de las víctimas del franquismo, pero falta aún algo mucho más importante: para no cerrarlas en falso es necesario, como en Alemania, aceptar ese horror, hacer una catarsis y devolver la dignidad a las víctimas. El gesto del gobierno socialista de Pedro Sánchez nos pone en la buena dirección para que recorramos ese camino.






José Hernández González
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